Llevamos décadas pinchando módulos de memoria en vertical y parece que nos hemos acostumbrado a que sea la única forma posible. Sin embargo, las primeras pruebas de rendimiento de los módulos CAMM2 en equipos de escritorio están empezando a ver la luz y los resultados de latencia son, francamente, mejores de lo que esperaba.
Al ir la memoria atornillada en horizontal directamente sobre el socket, el camino que recorre la señal eléctrica desde el procesador es mucho más corto y directo. En el mundo del alto rendimiento, esos milímetros de menos se traducen en una estabilidad brutal cuando intentamos subir frecuencias.
Me pregunto cuánto tardaremos en ver placas base domésticas que abandonen por completo las ranuras de toda la vida.
De momento es una tecnología cara y difícil de encontrar fuera de entornos muy específicos, pero la ventaja de diseño es clara. No solo por velocidad, sino porque permite a los fabricantes de placas rediseñar el flujo de aire alrededor del socket de la CPU, que ahora mismo está muy condicionado por la altura de los módulos RAM. Para los que hacemos overclocking, esto es un cambio de paradigma que podría eliminar muchas de las interferencias eléctricas que nos limitan con la DDR5 actual.