El lanzamiento del Honor 200 Pro este mayo viene con una campaña de marketing muy agresiva centrada en su "Modo Retrato Harcourt". Para los que no sepan de qué va, Harcourt es un estudio fotográfico legendario en París conocido por sus retratos en blanco y negro con una iluminación muy específica. Honor dice que han entrenado a su IA con miles de esas fotos para que el móvil replique exactamente esa luz. Honestamente, después de ver los resultados, me quedo a medias.
Técnicamente, el procesado es muy avanzado. No se limita a meter un filtro, sino que el motor de IA analiza las sombras de la cara y "crea" fuentes de luz virtuales para dar ese aspecto dramático. El sensor principal de 50MP ayuda, pero al final del día se nota que es procesado digital. Hay zonas, como el pelo o los bordes de las orejas, donde el recorte sigue fallando si el fondo es complicado. Es un avance, sí, pero llamar a esto "calidad de estudio" es pasarse de optimismo.
Lo que sí es interesante es cómo los fabricantes de móviles ya no pueden competir en óptica (están al límite físico) y tienen que jugárselo todo al software. El Honor 200 Pro es un telefonazo en cuanto a pantalla y carga rápida, pero me da rabia que nos intenten vender la IA como si fuera magia negra. Es un buen móvil para el que quiera fotos bonitas para Instagram sin saber de fotografía, pero si buscas algo real, una cámara con un buen sensor de 1 pulgada sigue estando a años luz.