Hace un año se especulaba sobre el potencial de desarrollo que tenía el llamado ecosistema app y muchos dudaban todavía que pudieran configurarse como un mercado masivo y generalista. Hoy en día, los datos que se manejan permiten afirmar que el 2011 ha sido un año de locos en el mercado de los 'smartphones' y, por tanto, de las aplicaciones.
Una de las críticas o quejas que se efectúan por parte de los desarrolladores de estas aplicaciones es que la variedad de dispositivos y sistemas operativos para los que diseñar las aplicaciones hace que sea costoso estar en el mercado. Además de las variaciones de programación por la conveniencia, cuando no necesidad, de estar en varias plataformas, no podemos dejar de lado echar un vistazo a las distintas condiciones que imponen los responsables de la plataforma donde se va a comercializar.
Estas normas pueden variar considerablemente de un caso a otro, por lo que si se está pensando en una aplicación para correr en los distintos sistemas operativos, habrá que estudiar si este programa se permitirá en todas e incluso en qué condiciones, tanto técnicas como jurídicas.
Pensemos por ejemplo en el caso de los contenidos para adultos que, si bien en entornos como el Android (Android Market Developer Distribution Agreement) son permitidos, sin embargo en otros como el iOS (iPhone Developer Program License Agreement) se encuentran prohibidos.
De hecho, Apple tiene una política muy restrictiva para la incorporación de aplicaciones a su repertorio ('AppStore') y hay multitud de causas que pueden motivar la expulsión de la aplicación, como le pasó a Wikileaks, hasta el punto que podría considerarse que estas prácticas incurren en lo que en el mundo anglosajón se denomina 'refusal to deal' y que nuestra Ley de Competencial Desleal podría considerar como práctica agresiva conforme a su art. 8.
Estas restricciones se pueden salvar si el usuario del dispositivo hace un 'jailbreak' al terminal para poder instalar aplicaciones no aprobadas por Apple.
El caso Renfe
En el caso de Google y Android, hay menos control para el acceso al 'Market' de aplicaciones, pero el desarrollador tiene que aceptar que Google pueda retirar a su antojo las que considere oportunas, entre otras razones, porque alguien se haya quejado sobre la aplicación.
Eso es lo que le pasó a la aplicación creada por Jon Segador sobre los trenes de cercanías de Renfe. Resulta que los abogados de Renfe se pusieron en contacto con Google denunciando que la aplicación hacía un uso no consentido de la marca de Renfe, que se producía una "suplantación de la identidad de RENFE-Operadora" y que dicha suplantación constituía "un acto de competencia desleal". Se consideraban vulneradas, así, la Ley de Marcas y la de Competencia desleal.
En fin, no vamos a entrar a analizar las acusaciones pues eso requeriría un estudio más detallado, por absurdas e inconexas que puedan parecer en principio, pero, como se queja su desarrollador, "no me gusta que Google haya suspendido la aplicación sin yo poder defenderme de ninguna manera", pues realmente la posición del desarrollador es de total y absoluta indefensión. Las opciones que le quedan podrían ser:
Protestar ante Google, acción de dudoso resultado,
Iniciar acciones contra Google basadas en la Ley de Competencia Desleal o incluso contra Renfe basadas en alguna acción de jactancia.
Hacer lo que ha hecho el desarrollador y lo que puede suponer el antídoto para la eventual aplicación de la Ley Sinde: "liberar el código y subir el apk de la aplicación a mi blog para su libre descarga".
De esta forma, tanto los usuarios de Android como los de Apple con 'jailbreak' podrán seguir utilizando la aplicación sin problemas y sin la posibilidad de intervención de comisiones oscuras. Y esto mismo puede resultar de aplicación para la Ley Sinde y su reglamento.
La Ley Sinde aquí no funciona
El esquema previsto está pensado para un entorno web donde uno de los puntos de interconexión serían las páginas de enlaces. Piensa la vieja guardia que quitando las páginas, la red de 'defraudación' caería como un castillo de naipes.
Pero esa vieja guardia no piensa que Internet no es sólo el entorno creado por Tim Berners, y que fue diseñada para poder responder incluso a sus propios fallos. Y si Internet puede resistir eso, hasta el mito de una guerra nuclear, también resistiría la desaparición o el olvido de la WWW.
Las aplicaciones ya han puesto de manifiesto su eficacia como herramienta de protesta y boicot frente a leyes como la SOPA estadounidense, pero además puede ser un auténtico antídoto para la Ley Sinde. La 'app', como tal, no es una página web 'centralizada' que pueda cerrarse, dejar de ser alojada o hacerla inaccesible, sino un programa que, aunque no esté en la 'AppStore' o en el 'Market', puede distribuirse hasta el infinito y ser financiado con la publicidad que se inserte en el código.
Más allá de la eventual imposibilidad jurídica de aplicar la ley Sinde, existe una imposibilidad de índole metafísica: una vez que el programa se ha propagado como un virus, y sin un Google o Apple que haga de censor, el cierre de páginas webs no tendría sentido alguno y la aplicación saltaría de un ordenador a otro, como las imágenes que pretenden ser censuradas: La gente no usará ya esas páginas cuando empiecen a cerrarse, se habrán convertido en objetos de culto para coleccionistas.
Via:elnavegante
Una de las críticas o quejas que se efectúan por parte de los desarrolladores de estas aplicaciones es que la variedad de dispositivos y sistemas operativos para los que diseñar las aplicaciones hace que sea costoso estar en el mercado. Además de las variaciones de programación por la conveniencia, cuando no necesidad, de estar en varias plataformas, no podemos dejar de lado echar un vistazo a las distintas condiciones que imponen los responsables de la plataforma donde se va a comercializar.
Estas normas pueden variar considerablemente de un caso a otro, por lo que si se está pensando en una aplicación para correr en los distintos sistemas operativos, habrá que estudiar si este programa se permitirá en todas e incluso en qué condiciones, tanto técnicas como jurídicas.
Pensemos por ejemplo en el caso de los contenidos para adultos que, si bien en entornos como el Android (Android Market Developer Distribution Agreement) son permitidos, sin embargo en otros como el iOS (iPhone Developer Program License Agreement) se encuentran prohibidos.
De hecho, Apple tiene una política muy restrictiva para la incorporación de aplicaciones a su repertorio ('AppStore') y hay multitud de causas que pueden motivar la expulsión de la aplicación, como le pasó a Wikileaks, hasta el punto que podría considerarse que estas prácticas incurren en lo que en el mundo anglosajón se denomina 'refusal to deal' y que nuestra Ley de Competencial Desleal podría considerar como práctica agresiva conforme a su art. 8.
Estas restricciones se pueden salvar si el usuario del dispositivo hace un 'jailbreak' al terminal para poder instalar aplicaciones no aprobadas por Apple.
El caso Renfe
En el caso de Google y Android, hay menos control para el acceso al 'Market' de aplicaciones, pero el desarrollador tiene que aceptar que Google pueda retirar a su antojo las que considere oportunas, entre otras razones, porque alguien se haya quejado sobre la aplicación.
Eso es lo que le pasó a la aplicación creada por Jon Segador sobre los trenes de cercanías de Renfe. Resulta que los abogados de Renfe se pusieron en contacto con Google denunciando que la aplicación hacía un uso no consentido de la marca de Renfe, que se producía una "suplantación de la identidad de RENFE-Operadora" y que dicha suplantación constituía "un acto de competencia desleal". Se consideraban vulneradas, así, la Ley de Marcas y la de Competencia desleal.
En fin, no vamos a entrar a analizar las acusaciones pues eso requeriría un estudio más detallado, por absurdas e inconexas que puedan parecer en principio, pero, como se queja su desarrollador, "no me gusta que Google haya suspendido la aplicación sin yo poder defenderme de ninguna manera", pues realmente la posición del desarrollador es de total y absoluta indefensión. Las opciones que le quedan podrían ser:
Protestar ante Google, acción de dudoso resultado,
Iniciar acciones contra Google basadas en la Ley de Competencia Desleal o incluso contra Renfe basadas en alguna acción de jactancia.
Hacer lo que ha hecho el desarrollador y lo que puede suponer el antídoto para la eventual aplicación de la Ley Sinde: "liberar el código y subir el apk de la aplicación a mi blog para su libre descarga".
De esta forma, tanto los usuarios de Android como los de Apple con 'jailbreak' podrán seguir utilizando la aplicación sin problemas y sin la posibilidad de intervención de comisiones oscuras. Y esto mismo puede resultar de aplicación para la Ley Sinde y su reglamento.
La Ley Sinde aquí no funciona
El esquema previsto está pensado para un entorno web donde uno de los puntos de interconexión serían las páginas de enlaces. Piensa la vieja guardia que quitando las páginas, la red de 'defraudación' caería como un castillo de naipes.
Pero esa vieja guardia no piensa que Internet no es sólo el entorno creado por Tim Berners, y que fue diseñada para poder responder incluso a sus propios fallos. Y si Internet puede resistir eso, hasta el mito de una guerra nuclear, también resistiría la desaparición o el olvido de la WWW.
Las aplicaciones ya han puesto de manifiesto su eficacia como herramienta de protesta y boicot frente a leyes como la SOPA estadounidense, pero además puede ser un auténtico antídoto para la Ley Sinde. La 'app', como tal, no es una página web 'centralizada' que pueda cerrarse, dejar de ser alojada o hacerla inaccesible, sino un programa que, aunque no esté en la 'AppStore' o en el 'Market', puede distribuirse hasta el infinito y ser financiado con la publicidad que se inserte en el código.
Más allá de la eventual imposibilidad jurídica de aplicar la ley Sinde, existe una imposibilidad de índole metafísica: una vez que el programa se ha propagado como un virus, y sin un Google o Apple que haga de censor, el cierre de páginas webs no tendría sentido alguno y la aplicación saltaría de un ordenador a otro, como las imágenes que pretenden ser censuradas: La gente no usará ya esas páginas cuando empiecen a cerrarse, se habrán convertido en objetos de culto para coleccionistas.
Via:elnavegante