Contratas 600 Mb con tu operadora, haces un test de velocidad y te salen 380 Mb. ¿Te están timando? No necesariamente, aunque tampoco es algo que debas ignorar sin más.
Por qué siempre hay diferencia:
La velocidad contratada es la velocidad máxima teórica en condiciones ideales. En la práctica, varios factores la reducen:
La conexión WiFi es el primer sospechoso. El cable Ethernet siempre dará más velocidad y más estabilidad que el WiFi, sin excepción. Si solo mides por WiFi, estás midiendo la calidad de tu señal inalámbrica, no la de tu línea.
La distancia y la banda también importan. Un dispositivo conectado en 2.4 GHz al otro lado de casa va a mostrar velocidades muy por debajo de lo contratado aunque la línea esté perfecta.
El servidor del test importa más de lo que parece. Speedtest.net, Fast.com y el test oficial de tu operadora pueden darte cifras distintas para la misma conexión. Lo más representativo es hacer varios tests a diferentes horas.
Cuándo sí es un problema que debes reclamar:
Si conectas un equipo directamente al router por cable y la velocidad es consistentemente inferior al 80% de lo contratado, tienes base para reclamar. Las operadoras en España están obligadas por contrato y por la normativa de la CNMC a garantizar un mínimo del 40% de la velocidad contratada en WiFi y del 80% por cable.
Antes de llamar, haz capturas de varios tests en distintos momentos del día. Con esa documentación, la reclamación tiene mucho más peso.
Lo que puedes revisar tú mismo primero:
Reinicia el router (apagado completo, no solo el botón de reset). Comprueba que el cable que va de la roseta al router no está dañado. Si tienes un router antiguo proporcionado por la operadora hace más de 4-5 años, puede ser el propio equipo el que limita la velocidad.