Te acabas de comprar un Mac (o llevas años con uno) y te topas con el temido muro: ese programa que necesitas para trabajar, o ese juego clásico que te apetece jugar, solo tiene un archivo .exe para Windows. Lo primero que se te pasa por la cabeza es pasar por caja y pagar una licencia de Parallels, o montar una máquina virtual pesadísima que se coma la mitad de tu memoria RAM.
Con los nuevos Mac con chips de Apple (M1, M2, M3...) Boot Camp ha pasado a la historia, así que instalar Windows de forma nativa ya no es una opción. Por suerte, hay una alternativa gratuita y mucho más ligera para salir del paso: usar Wine.
¿Qué es exactamente Wine y por qué no consume recursos?
Antes de entrar en faena, hay que aclarar un concepto clave: Wine no es un emulador. De hecho, sus siglas significan literalmente Wine Is Not an Emulator. Es una capa de compatibilidad.
En lugar de simular un ordenador con Windows entero (como hace VirtualBox), lo que hace Wine es traducir las instrucciones del programa .exe al lenguaje nativo de macOS en tiempo real. El resultado es que no necesitas tener instalado el sistema operativo de Microsoft de fondo. Te ahorras decenas de gigas en tu disco duro y el programa se ejecuta casi como si fuera una app nativa de Mac.
Cómo instalar Wine en macOS paso a paso
Actualmente, la forma más limpia y que menos fallos da en las versiones recientes de macOS (como Ventura o Sonoma) es tirar de la Terminal de tu Mac usando Homebrew. Suena a hackeo puro, pero solo tienes que copiar y pegar dos líneas de código.
El truco para los que odian la Terminal: Si ver una pantalla negra con letras blancas te da alergia, existen aplicaciones basadas en Wine con interfaz gráfica. Programas como PlayOnMac o Wineskin hacen exactamente el mismo trabajo por debajo, pero te guían con el clásico asistente de "Siguiente > Siguiente" a la hora de instalar tus programas.
Cómo ejecutar tu primer archivo .exe
Aquí viene la magia. Una vez que tienes el motor de Wine configurado en el sistema, abrir un programa de Windows es absurdamente fácil:
Con los nuevos Mac con chips de Apple (M1, M2, M3...) Boot Camp ha pasado a la historia, así que instalar Windows de forma nativa ya no es una opción. Por suerte, hay una alternativa gratuita y mucho más ligera para salir del paso: usar Wine.
¿Qué es exactamente Wine y por qué no consume recursos?
Antes de entrar en faena, hay que aclarar un concepto clave: Wine no es un emulador. De hecho, sus siglas significan literalmente Wine Is Not an Emulator. Es una capa de compatibilidad.
En lugar de simular un ordenador con Windows entero (como hace VirtualBox), lo que hace Wine es traducir las instrucciones del programa .exe al lenguaje nativo de macOS en tiempo real. El resultado es que no necesitas tener instalado el sistema operativo de Microsoft de fondo. Te ahorras decenas de gigas en tu disco duro y el programa se ejecuta casi como si fuera una app nativa de Mac.
Cómo instalar Wine en macOS paso a paso
Actualmente, la forma más limpia y que menos fallos da en las versiones recientes de macOS (como Ventura o Sonoma) es tirar de la Terminal de tu Mac usando Homebrew. Suena a hackeo puro, pero solo tienes que copiar y pegar dos líneas de código.
- Abre la aplicación Terminal (puedes buscarla rápidamente pulsando Comando + Espacio y escribiendo su nombre).
- Si no tienes Homebrew instalado en tu equipo, pega este comando, dale a Enter y pon tu contraseña de usuario cuando te la pida:
/bin/bash -c "$(curl -fsSL https://raw.githubusercontent.com/Homebrew/install/HEAD/install.sh)" - Cuando termine el proceso anterior, solo te queda instalar Wine. Pega este comando y pulsa Enter:
brew install --cask wine-stable
El truco para los que odian la Terminal: Si ver una pantalla negra con letras blancas te da alergia, existen aplicaciones basadas en Wine con interfaz gráfica. Programas como PlayOnMac o Wineskin hacen exactamente el mismo trabajo por debajo, pero te guían con el clásico asistente de "Siguiente > Siguiente" a la hora de instalar tus programas.
Cómo ejecutar tu primer archivo .exe
Aquí viene la magia. Una vez que tienes el motor de Wine configurado en el sistema, abrir un programa de Windows es absurdamente fácil:
- Descarga el archivo .exe o .msi que quieras instalar.
- Haz clic derecho sobre él (o Control + clic) en el Finder.
- Ve a "Abrir con..." y selecciona Wine.
- La primera vez que abras algo, Wine tardará unos segundos extra en configurar un pequeño entorno virtual simulando la unidad C: de Windows. Acto seguido, verás aparecer la ventana del programa en tu escritorio de Mac.